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Aug 14, 2007 - Apostol Salvador Sabino Atrapado por Jesucristo Dos caminos: Una historia real para llevarse a Hollywood
Testimonio:
Bendecimos a todos los presos y quisiera,
como introducción, animar a
cada persona que tal vez este detrás
de las rejas a pensar
en esto. Sé que
voy a describir
ahora es muy común
para el preso,
pero tal vez aquí no se
conoce mucho. Hay una
pintura, un cuadro que se
repite y se repite de preso en
preso.
El que dibuja en vidrio
si es que todavía se hace eso,
el que dibuja simplemente
con lápiz, con marcadores de
colores o aun otros tipos de
pinturas que entran a las cárceles,
hay una pintura que se
repite y es la de un hombre
que esta mirando un pajarillo dentro de
una jaula y el hombre empieza a pensar en
que el es como ese pajarillo enjaulado. Así
empieza la pintura, pero luego ese pajarillo
se le abren las puertas milagrosamente
y empieza a volar. Son dos acciones, la de
estar dentro y de estar afuera, de tener
alas… Es simbólico al pensamiento humano
y mas allá al espíritu del hombre, porque
el cuerpo como el pajarillo enjaulado
está preso, pero tu espíritu cuando recibes
a Cristo está libre. La Biblia dice: “Así
que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente
libre”. (Juan 8:36) y nosotros sabemos
que la verdad nos ha hecho libres,
así que tú eres libre en esta hora.
Tú que estas tal vez confinado o estas
siendo amenazado de cumplir muchos
años dentro por una causa que quizás dices
“fui culpable, y entonces ¿qué hago ahora?”.
No importa, tú admites lo que hiciste
pero Dios se encarga del otro.
Cuando fui arrestado, estaba renuente como cualquier persona de la calle, al decir
que la culpa era mía, estaba peleando y
contrate un abogado de ciudad de Nueva
York, muy famoso y bastante caro. Cuando
este hombre me entrevistó dijo “tal parece
que tienes aquí una gran oportunidad
para salir de nuevo”. Le pregunté cuánto
iba a cobrar y me dijo que era una gran
suma. Le dije que le añadiría a esa suma
un bono para que me sacara antes de un
mes de este lugar llamado La Tumba.
El juez me había requerido una fianza
de US$250,000.00 y estaba esperando el
momento para salir, pero luego en la segunda
cita el juez quitó la fianza, y déjenme
declararlo ya porque estoy en Cristo,
el dinero estaba por ahí pero estábamos
buscando la justificación, cómo íbamos a
presentar ese dinero en la corte para que
no supieran de donde había venido. Por
eso estábamos buscando personas que se
hicieran responsables dentro de la familia
y de otros lugares, pero en ese tiempo
cuando empezaba hacerse eso, fue cuando
vino el Señor y empezó a ministrarme de
una manera fuerte y muy poderosa.
Estuve preso tres veces. La tercera vez
empieza el Señor a martillarme. Había
amenazado a otro preso que estaba hablando
por teléfono, no recuerdo qué fue,
pero no fue algo bueno. Entonces un tercer
preso latino que estaba al lado mío, vino y
me dijo: “¿Por qué siempre estas frustrado?
He notado que por nada reaccionas y
peleas y la gente tiene miedo aun de acercarse
a ti, porque tal parece que tú estas viviendo
una vida bastante aburrida”.
Imagínate como me sentía después de
más de tres años preso. Le pedí al preso latino
que se acercara. El me indicó que yo
estaba frustrado porque necesitaba a Jesucristo
en mi vida. A pesar de mi vida criminal
era temeroso de Dios. Cuando ese
otro preso me hablaba, veía una luz que
salía de sus ojos, vi la autoridad y estuve
tranquilo. Un amigo me vocea desde otra
celda que necesitaba cigarrillos y le dije
que este pasillo estaba cerrado, al igual
que la biblioteca. Le dije que como era domingo,
lo único que estaba abierto era la
capilla. “¿Crees que estoy loco para llevarte
cigarrillos a la capilla?”.
El amigo me reprochó que había hecho
mucho por mí, que estaba preso por
mi, era de la antigua pandilla mía. Cedí y
le dije que le llevaría los cigarrillos a la
capilla, lugar a donde dejan ir a los presos
cada domingo, sin hacerles preguntas. Al
llegar, me senté al fondo. Escuché atentamente
los coritos y me sentí un poco fogoso…
“Yo tengo un gozo en mi alma, Cristo
rompe las cadenas” y otras alabanzas
lindísimas.
Vino el predicador, un norteamericano,
abrió la Biblia y se acercó a mi para indicar
que “el Señor me muestra que tú estas
en la balanza, que tu vas a ser un ministro
de Dios, pero vas a tener que tomar
tu decisión”. Me dio la espalda y volvió al
altar. Cuando volví a la capilla en otras
dos ocasiones, el pastor repitió lo mismo
al ir directamente al asiento donde yo estaba.
Pensé “este hombre debe de ser brujo”,
que era el término que yo conocía en
mi vida mundana. Regresé tranquilo a mi
celda y le pensé que Dios tenía algo para
mí, pero todavía no era la hora. Había leído
la Biblia y recordado que mi tío me había
predicado que en la vida hay dos caminos.
Llamé a una mujer que era la bruja
del Bronx y le pedí que me enviara un libro
de los espíritus porque necesitaba salir
de la cárcel. Yo la había contratado anteriormente
para “sacarme de la cárcel con
brujería”, pero al ver que no daba resultado,
quise hacer mi propio trabajo. Le mandé
a decir que me consiguiera un libro de
brujería, “sin importar que tuviera que pedirlo
África o a Haití. Yo pago todo y de
doy dos mil dólares, pero necesito el libro
rápido”. Eso fue un miércoles y el sábado
el libro estaba en mis manos. Cuando mi
mama me dijo que me habían traído el libro
ella se rió, y pregunté porqué ella se
estaba riendo de esa manera.
Fui a buscar el libro. Me lo imaginaba
color negro, sin título ni nada. Al sacarlo
de la bolsa especial hermética que les dan
a los presos vi que...la bruja me había enviado
una Biblia, con la indicación de que
la abriera en el salmo 23. Dije incómodo
que esa bruja jamás volvería a hacer brujería
a nadie porque era una mentirosa, me había enviado una Biblia en vez de un libro
de espíritus. Como me habían enseñado
a respetar las cosas espirituales, no podía
botar la Biblia, la agarre y la abrí en el
salmo 23 y en una mesita que tenía en mi
celda le puse una manzana, pan, un vaso
de agua y un rosario y dije “bueno, ahí se
queda”.
Un día empecé a leer la Biblia, no podía
dormir. Había leído el ultimo libro que
recuerdo, pero este era diferente. Empecé
a leer, a leer y a leer, toda la noche hasta la
madrugada y después que desayuné entré
a mi celda seguí leyendo, continuaba leyendo
hasta quedarme dormido, no leí jamás
una historia de crimen que era lo que
le fascinaba a los presos, como las revistas
que circulaban dentro de las prisiones de
crímenes, de mujeres y eso…Solamente
leía la Biblia.
Un amigo me preguntó: “¿Qué es lo
que tú haces en la celda tanto tiempo? No
juegas ajedrez, no haces ejercicios, no haces
nada… ¿qué pasa contigo?”. Le respondí
que estaba tranquilo en mi celda,
porque no quería buscarme problemas con
nadie. Simplemente, estaba tranquilo allí.
Pero un día él vio que estaba leyendo la
Biblia. Le advertí que no se lo dijera a nadie,
o de l contrario le iría muy mal. Pero
cuando salí de la celda todo el mundo sabía
que yo estaba leyendo la Biblia.
Yo experimenté lo que dice Biblia, toda
palabra de Dios es limpia, viva y eficaz
y más cortante que toda espada de dos filos,
penetra hasta el alma, el espíritu, las
coyunturas y los tuétanos; llega hasta los
pensamientos y las intenciones del corazón.
Esa es la Biblia, la palabra penetró
dentro de mi de manera que no podía soltarla,
yo estaba preso en la cárcel pero estaba
libre en el espíritu, y recuerdo bien
que cuando leí la historia de Bartimeo yo
dije oye, yo como que estoy gritando como
este ciego, que decía: “Jesús, hijo de
David, ten misericordia de mi y devuélveme
la vista” y yo como que tenía hambre
espiritual dentro de mi, algo ya estaba pasando
en mi, pero no podía decirlo, no podía
describirlo y mucho menos hablarlo
con ninguno de los otros presos. Pero esto
estaba ocurriendo, lo que hice entonces
fue llamar a mi tío, y empecé a hacerles
preguntas.
Mi tío es un pastor pentecostal, que
donde quiera que yo estaba me estaba predicando
en la vida sobre que hay dos caminos.
Le dije tío yo estaba leyendo la Biblia
y con una guerra dentro de mi, como
entendiendo lo que la Biblia dice. Le indiqué
que cuando leía, esa palabra me ministraba,
entonces él me pidió que siguiera leyendo,
que el Espíritu estuviera fortaleciéndome
y que cuando eso ocurre las decisiones
malignas mías fueran a empezar a
caer y yo comenzaría a desear las cosas de
Dios.
Regresé a mi celda, vociferando que
no quería ser cristiano, evangélico, ser un
aleluya, no quiero estar aquí, por ejemplo,
como la foto de un pianista que estaba en
la capilla gritando ¡Aleluya!, lo cual me
molestaba, al igual que cuando levantaba Pensaba
“qué charlatán es éste, está loco”. Otra
hermana hablaba en lenguas, lo que veía
como ofensivo, y dije “esta es una casa de
locos” por lo que me resistía a la idea de
ser cristiano como ellos.
“Voy a ser un cristiano secreto, un
cristiano cool, un cristiano que no va a estar
molestando a nadie, que pasa, oye yo
no quiero ser como esta gente y tenía esa
lucha. Pero el Señor empezó a ministrar
mi vida de una manera fuerte y tuve un
sueño en donde iba por un camino y venia
un monstruo con tres cabeza detrás de mi,
pero cuando el monstruo me iba a comer,
desperté asustado y empecé a orar, dije
“Señor, no sé que está pasando, necesito
que hagas algo en mi, si en verdad tú vives
como dicen los aleluya, yo
quiero que vengas aquí en mi celda
y me hables. No voy a dormir
ahora y si tu me despierta mañana
en la mañana voy a ir a la capilla
y te sirvo todos los días de
mi vida”.
Creí que estaba orando a ese
crucifijo, a ese cuadro que tenia
ahí, que me había dado mi madre,
creí que estaba orando a una
estatua, pero no sabia que estaba yo hablando
al Dios vivo. Y les digo en verdad
que a las 5:30 de la mañana escuché una
voz tronante, escuché una voz que dijo mi
primer nombre “Salvador” y desperté, me
pregunté que me estaba pasando, me estaba
volviendo loco, entonces traté de acostarme
de nuevo y reconciliar el sueño, pero
oí esa voz aun mas fuerte “Salvador”.
Salté de la cama y dije: “Señor, yo oré
anoche, si eres tú, quiero que te acerques
a mi y me declares todo este misterio”. De
repente sentí como que abrieron la puerta,
sentí una brisa que entró y me dio mucho
miedo, terror, sentía la presencia de alguien
muy grande que entraba ahora en mi
celda, súbitamente sentí como unos brazos
que me abrazaban.
De repente sentí como
que unos labios empezaron
a hablarme al oído izquierdo
y me dijo esa voz:
“Soy Yo”. Cuando escuche
esa voz, dije es
el Señor...y empecé a brincar, a saltar como un loco dentro de
esa celda que aunque se sentía que estaba
abierta naturalmente estaba cerrada. Empecé
a gritar “soy salvo, soy salvo”.
Estoy contando esta experiencia en el
nombre de Jesús, es sobre todo nombre
que se nombra, el nombre de Jesús es sobre
el nombre de las drogas y del alcohol,
por eso el Apóstol Pablo dice: Por lo cual
Dios también lo exaltó hasta lo sumo, y le
dio un nombre que es sobre todo nombre,
Para que en el nombre de JESUS se doble
toda rodilla de los que están en los
cielos, y en la tierra y debajo de la tierra;
Y toda lengua confiese que Jesucristo es el
Señor, para gloria de Dios Padre. Fil. 2:9-
11.
Comencé a servirle al Señor y la gente
preguntaba ¿qué le pasa a ese hombre?
Las personas que me conocían decían “este
hombre se volvió loco de verdad”, y
efectivamente estaba loco, loco en predicar
las buenas noticias de lo que Dios había
hecho en mi. Prediqué a los presos, a
los guardias, a todo el mundo ahí en la prisión.
Luego llegó la hora de volver donde el
juez, ya tenia un mes en la prisión y ellos
querían que yo me declarara culpable o
inocente. Le dije a mi abogado “prepara o
negocia porque yo soy culpable y no volveré
a mentir nunca mas”. El me dijo “tú
puedes salir”, pero le dije que no. El me
miró y me dijo “oye ¿qué te pasa? Últimamente
te he visto raro”, a lo que le respondí
que había tenido un encuentro con el
Señor Jesucristo y El es el Señor de mi vida.
Anhelaba buscar mas del Señor, recuerdo
que hice un ayuno de un día y se
prolongó a siete días, al final de ese ayuno
el Señor me sacó de esa cárcel y me
mostró unos espíritus que estaban sentado
en una de las calles de la ciudad de Nueva
York, los demonios, que medían del tamaño
de un edificio de seis pisos, y eran como
ranas, verdosos y yo venia volando en
los aires contra esos demonios y uno de
ellos le dio un codazo al otro diciéndole
“mira quien viene ahí”. Y cuando me vio
le dijo al otro “vámonos”, comenzaron a
correr fuera de ese lugar.
El Señor Jesús dijo: “He aquí os doy
potestad de hollar serpientes y escorpiones,
y sobre toda fuerza del enemigo, y nada
os dañará” (Lucas 10:19). Yo eché a
esos dos demonios porque estaban comiéndose
a los jóvenes que salían del tren,
los mordía y les chupaba el espíritu, luego
los soltaba como zombis.
Después de esta experiencia, el Señor
me llevó al cielo y me veo con una túnica
blanca y un cinto de oro, lindísimo. Luego
veo una mano que viene de un trono grande,
me incorporo y El dice “dame su vestimenta
y cuando empieza a vestirme,
siento ríos de agua viva dentro de mi. Pidió
mi corona y cuando me la puso comencé
a crecer. Al crecer bastante vino su
mano derecha y tocó mis labios diciendo
“ahora ve y predica mi palabra”.
Para mi hoy, no hay nada más grande
que predicar el evangelio de Jesucristo. El
apóstol Pablo dice “Pues si anuncio el
evangelio, no tengo por qué gloriarme;
porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de
mí si no anunciare el evangelio!” (1 Co.
9:16). "Porque de Tal manera amó Dios al
mundo, que ha dado a su Hijo unigénito,
para que todo aquél que en El cree, no se
pierda, mas tenga vida eterna." Juan 3:16.
Talvez usted diga “yo no he tenido un
sueño o visión”. Amigo, usted tiene esta
palabra de poder, es palabra de Dios, lo
único que usted tiene que hacer es creer en
tu corazón, confesar con su boca que Jesucristo
es el Señor, si usted dice Jesucristo
es mi Señor y Dios, automáticamente pasa
de muerte a vida, de la oscuridad de las tinieblas
a la luz, de condenación a la salvación.
Eso es lo que hace el Señor, borrachos
convertirse en grandes predicadores,
he visto a muchas mujeres de la calle convertirse
en esposas, en madres ejemplares.
Porque la Biblia dice que si alguno está en
Cristo nueva criatura es, las cosas viejas
pasaron y he aquí todas son hechas nuevas.
El Señor te da la oportunidad de empezar
de nuevo. |
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Dios es el médico por excelencia
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Para Cosechar tendras que llorar
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